15 septiembre 2021

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COLUMNA/ Desde Huatusco – El casamiento

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ROBERTO GARCÍA JUSTO

EL CASAMIENTO


Es natural que los seres humanos tengan que nacer, crecer y reproducirse, para esto, los jóvenes tienen que pasar por distintas etapas y merecer el título de jefe de familia. Para este caso, iniciaremos esta narración en lo que significa el Parque Zaragoza, sitio emblemático para la juventud del siglo pasado, debido a que, los domingos, después de misa, las damitas, en unión de sus amigas se dedicaban a dar vueltas alrededor de la plancha que tiene en el centro un bonito kiosco. Los varones no perdían el tiempo y las seguían con la mirada, después de una seña y corresponderle con una sonrisa.

Es el principio de una relación que se prolongaba de acuerdo a los planes de los novios que sellaban un compromiso. Las funciones de cine en el Teatro Solleiro se convertían en el lugar idóneo para romper el silencio, tomarse de la mano y depositar un primer beso, significaba el deseo de concretar una aspiración duradera. También Los festejos realizados en alguna casa, juntaba a las parejas y con mucha precaución bailaban una o dos piezas, no podían repetir varias para no despertar sospecha de los padres. Solamente que tuvieran permiso, no había problema.

Llegado el momento de la petición de mano para el casamiento, los padres del novio iban a pedirla, concretándose la fecha de la boda. Unos días antes de la ceremonia civil y religiosa, se organizaba una fiesta de despedida de soltera entre los íntimos de ambos contrayentes. Al compás de la música se jugaban bromas y repartían vinos suaves de mora, naranja o jerez para las señoritas y para los hombres, los toritos de aguardiente con tejocote, mora, cacahuate o cualquier fruta de temporada.

El día fijado para el evento, en la madrugada se levantaba la novia para bañarse, se arreglara el pelo y maquillaba, ayudada por manos expertas, que le acomodaban el blanco vestido y los accesorios. Se paraba frente a dos espejos para mirarse de cuerpo entero, hecho lo anterior movía la cabeza para confirmar que estaba lista. Pasaba a la habitación contigua donde estaban los padres, abuelos y padrinos de bautizo, entre bendiciones, rezos, abrazos y llantos le deseaban buena suerte en su nueva vida.

Acompañada de la familia, tomada del brazo de su padre, recorrían las empedradas calles hasta llegar al Templo, que lucía adornado para la ceremonia religioso. En la puerta el Sacerdote esperaba para introducirlos al interior del recinto sagrado. La misa por lo regular se celebraba a las siete de la mañana, ahí los padrinos de casamiento, de arras, lazo y cojines, permanecían atentos por lo que pudiera ofrecerse. Una vez que terminaba la misa, salían a la puerta para ser felicitados y rociados de confeti, tomarse la fotografía y guardarla como recuerdo.

Los asistentes eran invitados al desayuno servido en casa del desposado, ponían una mesa especial que adornaban con vistosos floreros y mantelería impecable. Ahí sentaban a los principales que rodeaban a la pareja, las charolas de pan elaborado especialmente con huevo, mantequilla y canela, estaban en calidad de espera. Para empezar, servían un calientito y espumoso chocolate con el fin de ser degustado por los asistentes. Al final repartían raciones de tamales y picadas, que con rapidez desaparecían del plato.

La orquesta compuesta por el banyo, batería, guitarra, corneta y un cajón, tocaba diana al principio, después seguían con música romántica, y el vals para que los novios iniciaran el baile, que se prolongaba hasta la hora de la comida. Mole, tamales y agua de sabor era el platillo principal. La novia se cambiaba de ropa y se ponía cómoda pero elegante. El jolgorio por lo regular terminaban a las once de la noche, hora en que los ya esposos se retiraban hacia donde iban a formar su propio hogar.