29 septiembre 2021

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COLUMNA/ Desde Huatusco – El sargento Apolinar Pilian

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ROBERTO GARCÍA JUSTO

EL SARGENTO APOLINAR PILIAN


Después de la heroica batalla del cinco de mayo de 1862 en la Ciudad de Puebla, en donde participaron las fuerzas armadas de nuestro País que enfrentaron con valor y patriotismo a los invasores franceses. Integrantes de la tropa se licenciaron y se dieron de baja, para retornar a sus lugares de origen y seguir con su vida normal, es decir, realizando tareas donde pudieran ganar el sustento diario y alimentar a la familia.

De esa manera localizamos, caminando por las calles empedradas de esta Ciudad, a un hombre, muy firme en su aspecto y portador de una disciplina, como si estuviera ejecutado el paso redoblado que es una ordenanza aprendida en el ejército. En sus manos bien sostenidos llevaba sus instrumentos de trabajo: un bote para la mezcla, brocha, lija, clavo y martillo. Especializado en reparaciones de todo tipo, relacionado con la albañilería, siendo esencial que lo contrataran para tapar goteras en los techos de las casas. Ya que, las constantes lluvias en la región causan daños en las viviendas.

Más allá de lo que la gente pudiera imaginarse, se trataba de un sargento que en su juventud se incorporó a la tropa para defender a la nación. En sus ratos de descanso, contaba a sus amigos hechos de la historia de México que se guardan con honor y orgullo en cada elemento retirado. El tono y la forma tan especial de narrar las remembranzas llenas de colorido, hacían de este soldado, un ejemplo al haber expuesto su vida al lado de sus compañeros de armas, como el Capitán Miguel Vázquez, el teniente Juan Morales, el subteniente Nicanor González y el Sargento Gabriel Figueroa, todos de esta localidad.

Apolinar Pilián, relataba con mucha satisfacción sus vivencias, honrando a Huatusco que siempre está en la mejor disposición para dar hombres decididos a todo con el propósito de no permitir que los enemigos de los mexicanos le arrebaten el territorio que con tanto esfuerzo han logrado obtener en base de la entrega personal y colectiva. Se enorgullecía por haber cumplido con el mandato constitucional, hasta que los extranjeros salieron huyendo del campo de batalla, y se dispersaron por distintas regiones.

El mencionado sargento, título ganado en el campo de batalla, no ocultaba su aspecto rústico, honesto, cumplidor y respetuoso, era admirado por muchas personas que conocían sus hazañas en las confrontaciones donde fue protagonista. Pocas veces se le veía descansar, pasaba las horas bajo las inclemencias de los rayos solares o soportando el frío invierno que se hace sentir crudo por el inclemente chipi-chipi, siempre ocupado, ganando un salario con dignidad. Sus cualidades físicas le ayudaban para que el vecindario le solicitara sus servicios, ponía empeño en la tarea que le encomendaban los ciudadanos de alma noble y corazón generoso.

No faltó alguien de los parroquianos que en forma de burla le sugirió que pusiera un anuncio al frente de su vivienda que dijera: SE TAPAN GOTERAS A DOMICILIO. Él aceptó con humildad y lo mandó a pintar, es ocioso el comentario que se armó, demostró su ingenuidad, sin embargo, sus amigos y conocidos simpatizaron con la promoción, y sirvió para que lo llamaran con más frecuencia. Después de esa ocurrencia nació un hondo sentimiento de amistad hacia aquel personaje que con decoro desempeñaba las tareas que le pedían.

Es lo que podemos narrar de un gran hombre que fue un ejemplo de honestidad, se dedicó a servir a los demás en donde quiera que se lo solicitaron, puso su integridad y buena fe, mucho entusiasmo y voluntad en los deberes que estaban dentro de sus funciones. Por el mérito de ser el soldado desconocido, hoy te reconocemos y podemos gritar sin recelos y con orgullo: ¡¡¡ VIVA EL SARGENTO APOLINAR PILIAN ¡¡¡