9 junio 2021

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COLUMNA/ Desde Huatusco – Escuelas particulares

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ROBERTO GARCÍA JUSTO

ESCUELAS PARTICULARES


El modelo de instrucción social que prevalece hasta estas fechas, comenzó a desarrollarse desde la época de la Colonia. Los primeros educadores se dedicaban a impartir conocimientos a los pequeños, de manera individual, encontrando su justificación en la tradición católica que imponía una ideología religiosa. Entre 1786 y 1817, se expidieron decretos que exigía a la iglesia que cumpliera con la obligación de abrir escuelas gratuitas de primeras letras, no solo en los conventos, sino en los cientos de parroquias diseminadas por el País.

Producto de lo anterior, en 1864 Don Nicanor Díaz sacerdote del templo de San Antonio de Padua, de esta localidad inauguró una especie de academia para enseñar a dibujar, pintar y trazar la escultura, esto con la finalidad de que los jóvenes desarrollaran sus habilidades y se entretuvieran aprendiendo los principios del arte. Veintitrés años después surgió el centro educativo para varones. Nombrando la autoridad municipal al profesor Ismael Sehara como su director, quién duró al frente tres años ya que, en 1890 se trasladó a la Ciudad de Orizaba para perfeccionar su carrera magisterial que terminó en la Escuela Normal de Xalapa, como profesor de instrucción primaria.

Antes que la pública, existió la educación particular, estos centros estaban instalados en domicilios familiares, las personas que los atendían tenían el manejo perfilado al inicio de la lectura, hacer sumas, restas, divisiones y multiplicaciones y un poco de todo. Por impartir sus conocimientos sin tener un horario fijo, recibían una cuota simbólica. La asistencia era escasa, los grupos se integraban a veces hasta de diez niños, a los que se sometía a un proceso complicado con el fin de combatir la ignorancia.

Donde más población escolar asistía, era en aquellas escuelas que el cura de la parroquia recomendaba. Ya que como materia fundamental era la doctrina cristiana, decían que aprender a rezar era más importante y no había manera de reclamar por los métodos de enseñanza, estos se aplicaban con estricta disciplina, los azotes a los niños distraídos, daba el resultado más efectivo para que se aprendieran las lecciones. De ahí que las vocales y las consonantes se consideraban como el repaso diario.

La presión de la autoridad municipal generó la necesidad para que los de menor edad escolar, se inscribieran en los ya multiplicados colegios, por lo que, se dividieron en categorías. Las de más alto nivel económico estaban en el centro de la ciudad, una de ellas era la de la madre Benedicta que se abrió en la época de los cristeros, con las maestras María de Jesús y Guadalupe Sánchez, atendían un número importante de educandos. Los que de ahí egresaron, presumían de los amplios conocimientos adquiridos.

También existía gente humanitaria que no cobraba por la enseñanza impartida, entre ellos estuvo el señor Eulogio Jiménez que daba clases a los hijos de sus vecinos y amistades cercanas. Por lo que, Emerenciana pilli pedía como cooperación medio real, lo equivalente a seis centavos por cada clase impartida. Eran muchos los lugares para que la gente escogiera donde enviaría a sus vástagos para que tuviera el privilegio de iniciar su preparación.

A nadie podemos negarle el mérito por esta noble labor desempeñada en situaciones complicadas, ellas y ellos están inscritos en la historia de Huatusco, como la señorita Inés Suarez que fue una dama modelo para ejercer esta profesión. También la Madre Jovita Lara Estrada que vino de la Ciudad de México para preparar a los hijos del empresario cafetalero Guillermo Fernández y que escribió páginas gloriosas en la preparación de varias generaciones. Reciban de nuestra parte el respeto y el reconocimiento por haber impulsado a un pueblo que, gracias a ello, goza de invaluable prestigio. (con el apoyo de la maestra Delia Sedas)