7 junio 2021

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COLUMNA/ Desde Huatusco – Justicia y Progreso

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ROBERTO GARCÍA JUSTO

JUSTICIA Y PROGRESO


El modelo económico-productivo que se desarrolló a finales del siglo XIX y principios del XX, creó la fuente que alimentó la nueva clase social en Huatusco. Don Porfirio Díaz gobernó el País durante 30 años, de 1877 hasta 1911, considerado como héroe en la lucha contra los conservadores aliados de los imperialistas. Siendo más joven que don Benito Juárez García y que don Sebastián Lerdo de Tejada, se inclinó por la carrera militar donde llegó a obtener el grado de General, por sus méritos como soldado activo en el campo de batalla.

Tres veces fue candidato a la Presidencia de la República; en dos fue derrotado, y no conforme con los resultados, se levantó en armas, la primera apoyado por el Plan de la Noria, la segunda con el de Tuxtepec. Su justificación fue estar en contra del autoritarismo prevaleciente desde la independencia y el sistema centralista que imperaba, rechazaba el excesivo poder político que ostentaba el Presidente de la República ante el Legislativo y el Judicial y los Estados. Además, se manifestaba en contra de la reelección.

Los cambios en el país pronto empezaron a notarse, ya que se aprobaron Leyes y Reglamentos para ejercer un estricto seguimiento. Durante el periodo llamado porfirista, en nuestra región se aplicaron medidas específicas a las que debería someterse la población. Por ejemplo, decía el artículo 33 vigente: “Toda persona, cualquiera que sea su clase, sexo o condición, que ofenda a la moral con acciones o palabras obscenas y que, en las calles, plazas y demás parajes públicos, se orine o ejecute un hecho contrario al pudor o a la decencia, que circule figuras o escritos obscenos, que galantee a alguna mujer o que arroje inmundicias en esos lugares, será castigada con multa de dos a veinticinco pesos o prisión equivalente.”

Con lo anterior se garantizaba el respeto dentro de la ciudad, continuando con la costumbre muy arraigada de tiempos anteriores. Art. 34.- Toda persona que se encuentre en estado de embriaguez, tirada en las calles, plazas, paseos o cualquiera otro lugar público, o escandalizando, será recogida por la policía y castigada con ocho días de prisión por la primera vez. En caso de reincidencia se duplicará la pena, pudiendo conmutársele con multa equivalente”. Con lo anterior se utilizaba a un buen número de borrachos de fin de semana para emplearlos como mano de obra gratuita en las faenas y obras del municipio.

En esa misma ley que normaba la conducta de los individuos, se podían establecer las restricciones para evitar la mendicidad en la Ciudad. Por lo que el Articulo 37, del mismo reglamento especificaba: “la policía vigilará empeñosamente que ningún individuo que no esté totalmente inutilizado para trabajar, implore la caridad pública, pidiendo limosna en las calles. A los mendigos que manifiestamente se hallen imposibilitados para el trabajo, se les permitirá transitar por las calles y recibir limosnas. Pero sin estacionarse en ningún lugar ni introducirse en ninguna casa, sin ser llamados, ni levantar la voz con rezos o imprecaciones de ninguna especie.

Solo en las puertas de los Templos y siempre sin levantar la voz, se consentirá que se estacionen los mendigos de la localidad. A los que de fuera de la ciudad vengan a ejercer la mendicidad, los detendrá la policía, conduciéndolos con las atenciones que su estado imponga, a la jefatura de policía, que acordará lo conveniente, para que esos méndigos continúen su camino.”

En 1892, estas normas estaban vigentes, por lo que, se tuvo un cuidado especial con los Animales. Ya que el artículo 83 advertía que: “El que conduzca en la ciudad o sus alrededores algún animal notoriamente enfermo, flaco o limitado, ya sea cabalgando sobre él o ya obligándolo a soportar cualquier clase de carga, será detenido y castigado por su crueldad, con una multa de cinco a cincuenta pesos o el doble en caso de reincidencia”.

Todas estas sanciones, daban a la tesorería importantes sumas de dinero. De esa forma se mantenía el orden público y se garantizaba la convivencia social. En la actualidad se han perdido estos lineamientos que otorgaban seguridad y bienestar para la población, vinieron otras autoridades para transformar las costumbres y hacer que caigamos en un mundo donde los derechos son muchos y pocas las obligaciones.