13 octubre 2021

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COLUMNA/ Desde Huatusco – La cacería

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ROBERTO GARCÍA JUSTO

LA CACERÍA


Para poder subsistir en un medio sumamente inhóspito, los primeros pobladores de nuestro continente, dejaron constancia del desarrollo de sus habilidades para preverse de alimento como una de sus primeras necesidades. La cacería de grandes animales y la recolección de frutos, desarrolló en ellos la formación de grupos y la habilidad con el fin de diseñar estrategias para acosar y cercar a las numerosas especies animales que abundaban por el territorio.

La nutrida vegetación de lomas y montañas crearon las condiciones favorables para esa actividad que implica una vinculación directa entre el hombre, la tierra, el agua, el aire y el fuego. Hasta mediados del siglo pasado, la mayoría de las comunidades se dedicaba a esta práctica como una fuente ya que era un recurso importante para complementar la alimentación. No se requería caminar mucho, ya que, como a uno o dos kilómetros de la localidad, se encontraba una nutrida fauna que satisfacía a los buscadores de presa.

A mediados del siglo pasado, no existían permisos para llevar a cabo esta actividad, no se consideraba un delito, por esa razón, los amigos y vecinos se organizaban para salir de campeada con sus armas y una jauría de perros, aptos para perseguir lo que fuera. De preferencia los toches, tejones, puercoespín, oso hormiguero, cabeza de viejo o perezoso, gato montés, conejos, mapaches, serpientes y tlacuaches, que eran de lo más socorrido. Aunque había otros como el pato silvestre, la codorniz y las palomas, apreciados por su carne.

Los lugares que se ideales para la tirada, era el cerro de los Tecolotes, son dos pequeñas elevaciones en la congregación de Tepelzingo. El Ocelotepec o del tigre, que es de los únicos que, por su escabrosidad, conserva intacta su naturaleza. El Tzontecomtepec o colorado, ubicado por la congregación de Tenejapa, que estaba considerado como una reserva forestal, pero lo desmontaron para la pastoría de ganado. Las serranías de Tepampa, Tlamatoca e Ixpila, hoy, en su mayoría, substituidos por fincas de café.

La familia Quezada por tradición familiar, heredaban el arte de la cacería, aseguraban que, con esto se favorecía la unidad entre los hermanos que se apoyaban mutuamente para facilitar las acciones de exploración y conocimiento del medio natural, así como la destreza en el manejo de armas, lo que consideraban entretenimiento, deporte y diversión. En virtud de que, en noches de luna, aprovechaban para entrar en los espesos montes, avanzando con cuidado para no caer en algún hoyo o resbalar en las barrancas peligrosas, el instinto de conservación los guiaba.

Relatan los que vivieron estas experiencias que, cuando tenían que salir lejos, se organizaban de acuerdo a los días que duraba la expedición; preparando cabalgaduras y despensas adecuadas para cocinar entre los bosques. Unos ranchero del dijeron que, por los acantilados del “Angostillo”, rumbo a Veracruz, merodeaba un puma “Yaguarundi”, especie de mamífero, carnívoro de pelaje pardo, conocido también como Onza, Tigrillo, Gato Moro o leoncillo. Como son escurridizos no pudieron localizarlo, a pesar de que realizaron una búsqueda intensa.

Los lugareños, conocedores de los secretos de la serranía, les comentaron que por la zona conocida como La Palmilla, aparecía por las tardes un venado enorme con una osamenta que sobresalía por los matorrales. Por su habilidad para escurrirse por hondonadas y llanuras hasta desaparecer en Corral de Piedra, lo bautizaron con el nombre del “Brujo”. Se distribuyeron lo mejor que se pudo y recorrieron los sitios indicados, La Ternera y Mata de Jobo, todo fue inútil, no encontraron ni astro del misterioso animal.

Los amantes de este deporte fundaron el Club de Cazadores Halcón A.C. figurando entre sus miembros a Filiberto Muñoz, Federico, Eduardo y Joaquín Quezada, Ignacio Colorado Cózar, Macario Vallejo Lagunas, José y Gil Ibarra, Dagoberto Guillaumín, Abdón Colorado, Antonio Jácome y Martín Páez. A todos ellos y los que faltaron de mencionar, nuestro reconocimiento por haber llenado una página de emocionantes recuerdos.