11 octubre 2021

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COLUMNA/ Desde Huatusco – Se acerca Todos Santos

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ROBERTO GARCÍA JUSTO

SE ACERCA TODOS SANTOS

Una flama encendida es el primer fenómeno natural de iluminación que descubrió el hombre antiguo para enfrentarse a la obscuridad. Los arqueólogos calculan que desde hace cinco mil años, Antes de Cristo, los egipcios aprendieron a encender y dominar la lumbre para darle un uso adecuado para satisfacer sus necesidades de aquella época. Con material obtenido de grasa animal, luego con cera producida por abejas, surgieron las primeras velas que con el paso de los años se han ido modificando. Dando paso a las lámparas de cerámica, que los mercaderes distribuyeron por el mediterráneo.

Con la conquista de la Gran Tenochtitlán, también se trastocaron los usos y costumbres de las poblaciones que adoptaron medios de convivencia para utilizarlos en el hogar y el campo. Lo primero que se transformó fue la tenencia de la tierra que durante el dominio del Señorío Cuauhtochca era comunal, después se convirtió en encomiendas que implicaba la apropiación de las comunidades autóctona. La gastronomía se alternó en mixta, por la introducción de alimentos como la harina, el azúcar, el tabaco y otros artículos que aquí no existían.

Varias familias huatusqueñas instalaron sus pequeños talleres en sus hogares para la fabricación de velas de cera. Las mujeres, además de la actividad como ama de casa, tenían en el patio de su propiedad, unos cajones donde habían aprendido a criar abejas. Debido al ingenio obtenido por la experiencia en el campo, para poder revisar periódicamente las colmenas, se auxiliaban con un recipiente que contenía leños prendidos. Con ramas verdes lo tapaban con el fin de que se hicieran humaredas. Sosegados los insectos, metían la mano para sacar las lonjas de panal con miel, que separaban para obtener la cantidad de material que requerían para los cirios.

En una lata resistente al fuego, la derretían, ya caliente, bañaban con el líquido pedazos de pabilo que iban dándole vuelta, hasta lograr el grosor deseado. Antes de iniciar esta actividad, colgaba del techo un aro, hecho del tallo delgado de la rama de trueno, a su alrededor lo fijaba con clavos que sobresalían, amarraba los hilos cortados en tramos de media vara. Estando tibia, en tablitas sobre la mesa, con la palma de la mano las rodaban para darle forma y cortaban con un cuchillo, sobre una medida para que todas tuvieran el mismo tamaño.

En cajas se empaquetaba para enviarlas a su venta al mercado municipal, en donde eran exhibidas de acuerdo con el grosor, que era la base para determinar su precio. A pesar de que el petróleo y la gasolina vinieron a mermar el consumo de este producto. Es indispensable en las ceremonias religiosas y velorios, ya que las procesiones poco a poco van dejando de usarlas. Hoy existen los focos permanentes que se alimentan con electricidad y son más modernas, sin embargo, el olor a cera y copal son dos aromas que ocasionan un momento paz y tranquilidad. Sobre todo, en esta época que se acerca las celebraciones de todos santos.

Tengo una vela encendida

voy donde me lleva

no conozco mi destino,

alumbrado por el camino

cobijado con optimismo.

Mientras llega el instante

de arribar al sitio exacto

en las tardes de tormenta

al cielo agradezco raudo,

me ha dado lo necesario

para olvidar el pasado.