24 diciembre 2020

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ROBERTO GARCÍA JUSTO. 

CARRERA DE CABALLOS. 

Por ser jueves, penúltimo del año, nos divertiremos con la narración que hace el novelista Martín Cortina, desde su natal Tlacotepec de Mejía. Calculamos que esto sucedió el 16 de mayo de 1937, en la celebración de San Isidro Labrador. Se informaba a los interesados de las comunidades de El Angostillo, Paso Panal, El Limón, Agua Fría, Tolome, Loma Fina y otros que rodean Sayula antes Zopilote, que solo habría una carrera de compromiso, es decir, firmada ante la autoridad. 

Tan pronto como se acercaba la hora, se iban formando grupos de personas a caballo, aquí, allá, según sus simpatías por tal o cual caballo que iban a correr. También había mucha gente de a pie a lo largo del carril.  Presentados en escena la “Gamuza” de Miradores y “El Tapacamino” de tío Palmeros del Tamarindo. Se escuchaban los gritos de los apostadores; el calor cada vez más intenso, el barullo crecía tal como acontece con los tábanos que zumban más fuerte a medida que el sol calienta.     

La apuesta entre los dueños de los animales fue de mucho dinero, “La Gamuza” llevaría en sus lomos al corredor Pedro “Boruca”, el mote se debe a que es algo locuaz y sobre el “Tapa Camino” volaría el “Pinolillo”, así le apodan debido a que es un enano, más que pequeño. Listos para correr dieron dos entradas y no se pudieron convenir; según el reglamento de la materia a la tercera tenían que partir y el que quedó se quedó. Y en efecto, como dos novios salieron bien parejitos. 

Al llegar a la reata arrancaron con suma velocidad y al mismo tiempo, solo se escuchó un traquido, iban corriendo sin ventajas, se adelantaba ligeramente “La Gamuza”, así fueron peleando hasta llegar al medio carril. A partir de ahí el “Tapacamino” se adelantó medio metro, luego un cuerpo y al final salió por adelante con una clara ventaja de cinco cuerpos y ganó y los asistentes se estremecían por la sorpresa que tuvo el desenlace. 

La noticia de este resultado se esparció por todo el territorio. Para ganadores y perdedores todo era alegría, la presencia de la tristeza no se asomó ni un instante, era día de fiesta y las señoritas de acuerdo a la costumbre de su pueblo o de su rancho, venían vestidas de distintos gustos. Con gracia mostraban el arreglo de sus trenzas que caían alrededor de sus espaldas o las enrollaban sobre su cabeza, con adornos de listones y flores de gardenia, jazmines y peinetas. 

Desde un principio, junto al arpa se vio al gallón de los improvisadores, el indio Comalero de Chiltoyac. Con su mirada abarcaba a todo el gentío. Se presenta en escena Aurelia López de Mapaxtla y el indio la recibe con galanura y le dice: 

El gavilán de las montañas     

Viene para cantarte 

Primor del cielo 

Celaje de la costa. 

Aurelia, haciendo frente al ataque desprecia al indio y le contesta así: 

Que desgracia de Ramón 

Con haber sido trigueño 

Te lo hablo de corazón 

Te lo digo con empeño 

Solo te falta el cotón 

Para ser indio xiqueño. 

El comalero, avezado en estas lides, sin perder la serenidad por haber sido despreciado ante tanta gente, en el acto le responde: 

Ni flor ni estrella 

Competirte puede 

Pero dime Aurelia 

¿De donde vienes ahora’ 

¿Vienes de España¿ 

¿O eres de Francia¿ 

El público aplaudió a reventar al comalero, que le tapó el monte a la esquiva Aurelia. Y así nos despedimos —cortando una florecita, eso les puede pasar, a las mujeres bonitas. 

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