29 diciembre 2020

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Desde Huatusco

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ROBERTO GARCÍA JUSTO. 

MUERTE DE UN SACERDOTE. 

El día veintiuno de noviembre de mil novecientos setenta y tres debe ser considerada una fecha que se puede inscribir en la historia de esta comunidad, por el fallecimiento de un ministro de la iglesia católica. Los recuerdos son evidentes cuando se trata de ensalzar a una persona que como ministro de la iglesia se dedicó de tiempo completo para atender las obligaciones adquiridas por vocación en las aulas del seminario en donde se preparan concienzudamente con el fin de dar cumplimiento a esa misión tan importante y delicada.   

Llegó a esta Ciudad un veintisiete de junio de mil novecientos treinta y tres, en los precisos instantes que la estructura del edificio del templo principal se colapsaba. Varios sismos ocurridos en la zona dañaron la torre y la bóveda representaba en inminente peligro para los creyentes que concurrían a escuchar la santa misa y   cumplir con la enseñanza proporcionada por un grupo de damas voluntarias de manera gratuita. 

Enrique Trejo y Domínguez se convirtió en un símbolo de los católicos de la región cafetalera que, para resolver sus problemas familiares o de otro tipo, recurrían a él. Los que tuvieron el privilegio de conocerlo personalmente, comentan que era agradable el trato que recibían.  La situación era complicada, el periodo posrevolucionario requería de verdaderos líderes que encabezaran la lucha por la superación económica, política y social. Y de gran valor resultó la presencia de este sacerdote que, bajo la consigna de edificar el templo de San Antonio de Padua, unificó a toda la sociedad que cooperó de distintas formas para que el proyecto avanzara.  

Cuarenta años de intensa actividad eclesiástica combinada con el trabajo físico que tenía que desarrollar para reunir material y pagar una nómina de trabajares que se empleaban en la construcción de la casa de Dios.  Jamás pretendió llevar una vida de privilegios, el ejemplo que daba era suficiente para que los creyentes lo admiraran. Desde el ángulo que quiera mirársele, denotaba franqueza, sinceridad y entrega a una causa que dejaría huella por varios siglos en esta localidad. 

Hoy la Estancia Jardín de la Tercera Edad lleva su nombre.   Esta es una Institución que se ha ganado el reconocimiento de un sector vulnerable de la población adulta, por otorgarles servicios indispensables para su beneficio. Regularmente reciben la visita de personas altruistas que se ofrecen para conversar con ellos y proporcionarles algunos requerimientos que sirven para el sostenimiento de este espacio, haciéndolo gratificante a los asilados que llegan en busca de consuelo y abrigo. 

Una calle de esta Ciudad luce el nombre del Sacerdote Trejo, con esto podemos asegurar que el agradecimiento es profundo y que perdurará mientras lo conservemos como debe de ser en esta etapa de despertar espiritual. Además, una colonia también se le conoce como él se llamaba y esto causa una verdadera motivación que con mucho respeto debemos reconocer que, su sacrificio por Huatusco no fue en vano.  

Los efectos por la devoción a San Antonio de Padua se conservan, quizá sea imposible perpetuarlos tal y como se hacía hace años.  El desinterés de las autoridades civiles y eclesiásticas y los problemas que nos aquejan son elementos que han pesado para que se pierda la expresión original, no obstante, es suficiente con lo que tenemos en la actualidad. Hay razón para opinar que el brillo del Templo de San Antonio, cobra vigor y cada día adquiere la importancia que le corresponde.    

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