22 diciembre 2020

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Lecciones para ser ídolo

Jesús Mejía Cruz/JMC Periodismo Deportivo

Saúl Álvarez es la versión moderna e incomprendida del pugilismo mexicano. Moderado y calculador, el jalisciense se opone a los conceptos acuñados de una estirpe que históricamente combinó el sufrimiento y la gloria en una fórmula inequívoca de aprobación.

El nocaut de Chávez sobre Meldrick Taylor sería menos recordado de no haber sido porque Julio César tenía la pelea perdida a segundos de que terminara. El último minuto de ese último round es la primera lección: el ídolo adora la adversidad.

Reforcemos el temario con una referencia obligada. La nariz rota de Márquez no hubiese permitido otro round en esa última pelea contra Paquiao. Viene la lección 2: el ídolo resuelve en condiciones de mártir, incluso cuando no hay más opción. Nocaut al sexto round y ajuste de cuentas con el filipino.

Sobre el encordado, el “Canelo” es eficiente y conciso. Precisión calculada, la estamina racionada y racionalizada (ábrala sólo en caso de ser necesaria). Talador constante, castigador efectivo, desinteresado por el cloroformo, parece siempre dejar un hilo de posibilidad al oponente.

Lejos de los estándares acostumbrados, parece no sufrir. Ni su pálida piel da muestra de contactos oponentes. La sonrisa impecable, el bolsillo dominado. Nunca antes un boxeador había sido tan controlador de sus ingresos. Nunca antes un púgil mexicano pareció haber ganado tanto sufriendo tan poco.

Fuera del ring, el ídolo mexicano debe ser alejado a la presunción. ¿Qué pensaría el Ratón Macías de la colección de autos del Canelo? Si el regocijo de don Raúl radicaba en el agradecimiento: «todo se lo debo a mi manager y a la virgencita de Guadalupe».
Es posible que en México el aficionado prefiera los ídolos imperfectos, los que sufren para poder ganar. Los que se equivocan de vez en cuando, si no arriba, por lo menos abajo del ring

Saúl se acerca a la perfección al mismo tiempo en que se aleja de la aprobación del aficionado que lo noquea en redes sociales. Lección número 3: el pueblo adora al que gana desde la imperfección.

Un ídolo imposible, quizás. Lo cierto es que el “Canelo” también podría ser el nuevo prototipo ejemplar de un deporte relacionado íntimamente con el sufrimiento. Priorizar la lucidez a cambio de ahorrarse unos cuantos intercambios sobre el encordado.

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